día de santos y difuntos








este hombre está muerto.


La frase pudo haberla dicho la médico pero fue el cura el que la pronunció con aire evangélico y gesto de poeta minimalista. La doctora más tarde evidenció el cese de la actividad vital, la cristalización del humor vítreo, qué se yo que otras cosas vibraban en su vocabulario. Pero este hombre está ya muerto lo dijo, así como te lo cuento, el cura. De un modo y con un tono que honran su oficio. Un hombre del rito habló sobre un cuerpo que yacía en la duda aún sobre la vida y la espera de ese despertar-ahora que uno sueña milagroso. Vibraron sus palabras en el desagarro de un último estertor que no oímos. Ellos, los curas, acostumbrados a la muerte y al ritual, deben ser contundentes incluso ante la muerte tranquila.


Dicen: mujer, ese hombre de ahí está muerto. Lo esencial ya no está y el rito del caso debe ser otro.


Dicen: hijo, ese hombre de ahí está muerto. El cuerpo muerto ya (solo) dice de ti. Te dice huérfano.


El cadáver de ese hombre es un cuerpo que ya no se autodetermina. Es heteronomía de la física y la química. Pero aún así habla, y cómo, ante ti y solo para ti.



Su alma se fue tan rápido como, imagino, apareció un día la conciencia en el niño aún no nacido en 1935. Poco a poco, sí, pero de repente se nace y se muere. Poco a poco y de repente nace el amor o se oscurece.


El cuerpo inerte y frío, tan otro, luego vestido para la ocasión en el ataúd, ya nos dice que somos huérfanos.


¿Qué es huérfano? Ya no se puede preguntar la respuesta al padre como cuando éramos niños. Sentimos la raíz que queda al aire y nuestro anclaje – qué es el anclaje en los otros, padre - desgarra la piel del tiempo al ser extraído. Se es huérfano aunque se tenga linaje de poderoso guerrero espartano. Huérfanos ya amáramos u odiáramos al padre. Por un momento cerramos los ojos para no vernos en el centro del vértigo.


El cuerpo inerte solo habla con su silencio al alma porque el alma no necesita fantasmas sino cuerpos corporeizados en la muerte para recibir el aviso.


Dice ella: Aquí estoy y tu contingencia la dice la historia de este hombre y de los otros que figuran nominados en la tumba. No es una contingencia de mera precariedad intemporal y como imbécil. Es incertidumbre escrita en los huesos de abuelos y bisabuelos ad origen.


Nos lanza la precaria contingencia impulsada por todo el polvo y todos los huesos. Y  nos lanza hacia pasado mañana.... En este duelo siempre es el pasado mañana el que asusta. 


Dice ella: eres lo que dice de ti ese cuerpo que nada dice de sí.


Me dice a mí y no sé por qué todo eso me entristece. En vida daba gusto ser nombrado. Me gustaba cuando me nombraba. Ahora....


Da miedo saber que ahora somos sin tierra porque toda la tierra cayó sobre la caja de madera brillante adornada por un cristo de resina o plástico chino.  Solo somos la tierra que ha quedado pegada en las hebras de las raíces que ahora se me antojan rizomáticas.


Alguna sombra ligera como de hilo erecto.


Un gramo de olvido que penetra la sangre reverberando las palabras, las risas, los actos de ese hombre que fue y del cual el cura dijo: ese hombre ya está muerto.


Buenos Consejos


BUENOS CONSEJOS
(fábula)

Tiresias you teach us
what it means to hold your own
(Kate Tempest: Mantente firme)

este cerdito es ya carne y manteca
(endecasílabo)

Lejos del país del verano rumia el cerdito
camino del matadero.
Refuerza
desazón y angustia con reflexiones erróneas.
Tiene miedo.
No ha leído al monje del ferrari
ni a Paulo Coelho.
No es zen

Baja de la montaña el cerdito
bien acompañado por cien cerditos,
sin ganas de sacrificio nadie
sin desear ser salchichón de nadie
sin querer ser jamón york light
(jamón york de esos que encontramos en los sándwiches que llaman vegetales)
Dice uno: mala suerte la mía.
Dice otro: malas decisiones y mala cabeza.
Dicen a coro: karma, karma, faktum, faktum, hybris, hybris
Dicen: No merezco esto, no merezco esto, no merezco esto...
Así los cerditos que al cerdito acompañan
dicen.
Muy lejos están del país del verano.



“ Quizás tu obra ha sido poca cosa – insinúa el lobo
ciego en la puerta de la factoría de Campofrío - .
Haciendo balance,
esfuerzo de veras no has hecho.
Tú te has buscado la ruina. Llegar en camión
acondicionado es tu producto,
efecto de tu pusilánime causa.
Porque faltaron agallas
resistencia
feroz batalla
cánticos de unidad de acción.
Eres el jinete de tu caballo
y el ingeniero de la casa de paja que el azor derribó con sus alas”
Así dice el lobo ciego
- que el gobernador le arrancó los ojos pero luego le ofreció
la plaza de portero
(política de igualdad y nuevas oportunidades reza su camisa).
Y aún más el lobo filosofa:
“ Antes como antes, y ahora como ahora,
solo hay una camino:
Mantente firme y te mantendrás a salvo”.

El cerdito escucha ya el olor de la electricidad
y no es tormenta de verano.
Se mantiene serio y con los testículos por corbata
será fiel al consejo del lobo.
Firmeza
es
salvación
Mientras tanto.....
la matarife vegana y animalista
no nota la flojera de la tripa del cerdito,
centrada está en la suya que despertó
con el día cruzado.
Hoy se romperá el tormento
- se anima -
acción firme
ni un paso atrás;
hará saltar la caja saboteando el artilugio
de la muerte.
Está a puntito de hacer historia de rebeldía
Y el lobo aparece
“ Quizás tu esfuerzo ha sido.... poco;
sin ofender: te veo flojo – salmodia again .
Eres el jinete de tu caballo
y el ingeniero de la casa de madera que el dragón achicharró
con su fuego. Antes
como antes, y ahora como ahora,
solo hay una camino:
Mantente firme y te mantendrás a salvo”.
Y sigue
la matarife vegana y animalista
en su revuelta.
Electrocutó su puesto de trabajo
y en el paro aguarda
(la cárcel está llena)
Pero show must go on
La factoría llamó al Viejo Método
delantal ensangrentado
barriga
y eructo
y olor a semen rancio
(ya imaginan al individuo)
cuchillo carnicero sin reflejo de luna
patriarcalismo
luego borracho, ahora sobrio
como la muerte
como la muerte
el cerdito siente la garganta,
la humedad
el calor
las manchas negras que no se quitan ni frotando

Quizás mi esfuerzo ha sido flojo,
tal vez, dice (y muere)

“Eres el jinete de tu caballo
el ingeniero de tu casa de adobe “
- el lobo mira al poniente
y en el horizonte ve nuevos camiones
tiene visión de un futuro que aterra...
y avisa
hold your own

CODA

Algo falló en el programa. Otra vez las normas decepcionan malolientes. Mantenerse firme no equivalía a mantenerse a salvo. No basta con cambiar de programa cognitivo. El cerdito perdió la vida, el lobo los ojos. La matarife el puesto de trabajo y el lugar de honor en las estadísticas de lo improbable. No obstante es auténtico el dolor del cerdito y la visión del lobo Tiresias. Es noble y verdadero el consejo, la necesidad de aprender a mantenerse firmes. Sin sinceridad no pueden nuestros amigos ser héroes de versos.  

experiencias de autoradicalización poética


El hombre mayor hoy se siente mayor. En estos días de festejos y reencuentros ha experimentado en más de una ocasión que lo que sucedió hace treinta  años tiene más claridad en el mapa de sus recuerdos que lo sucedió hace tres. Vaya, se dice en una mañana de resaca, ser mayor implica un tipo de distorsión cronológica curiosa. No te asustes, es gracioso. La razón es clara: es mucho ya lo que media entre el ojo y el mundo. Eso está bien. Es experiencia. Que te quiten lo bailao. Así dice el hombre mayor que hoy se siente mayor al reflexionar sobre la extraña experiencia. Sin embargo el hombre mayor no acaba de creerse sus palabras. Se preocupa. Si lo que media entre el hoy y el ayer de su primera juventud es tanto ya ¿por qué la distancia de los treinta años se acaba pareciendo tanto a la de los tres? La espesura del tiempo vivido parece que se nos muestra en vivencia paradójica: atrae hasta el ahora lo que está muy lejos y, para hacer esto, manda el anteayer a tomar el aire del olvido. La espesura temporal se aligera, abre claros en el bosque, rompe las viejas ramas y el recuerdo lanza su mano elástica hasta el pasado ya remoto y lo agarra por los pelos. Pinta coloretes de niñez rubicunda al fósil de lo que fuimos. Voilà. Esta distorsión llega a su apogeo cuando, en la ancianidad – el hombre mayor lo ve en sus mayores - el viejo llama a su mamá gimiendo como un niño asustado y siente una fiesta de la infancia más real que la última Navidad, olvidando ésta en su detalle para mayor gloria y claridad de lo remoto. El fósil, realmente,  es el ayer. Lo que sucedió hace décadas brota infante en el centro de la cabeza. Vive y da saltos. Se expande como un torbellino fractal mientras que el ayer cercano  envejece y muere y se pulveriza. 

El ayer se rompe en la experiencia del señor mayor. El ayer mismo, sí, esa pieza del tiempo que era "el ahora" de hace nada. ¡Ay, Dios mío! Alguien ha inventado un desierto en el mapa de la vida y su arena  barre al ayer y deja sin ropa al ahora. Ahora me veo y soy un ahora desnudo, con colgajos, escupiendo polvo.  Esto ¿no muestra la imposibilidad del vivir el ahora que el señor mayor ha convertido en mantra de su vida? Vivir el ahora ¿ es, por tanto, una de las raíces de la tontería de la época? Vivimos en el hace treinta o cuarenta años. Horror.

El mundo de hace cincuenta o sesenta años está ahí como un niño recién nacido. El hombre mayor ha visto esto y se acongoja. Si el hombre mayor es consciente y reflexivo, pensador de sí y del mundo, mira a su alrededor y trata de sentir la espesura de lo real forzando la máquina paradójica del recuerdo. El hombre mayor consciente hace registros, establece marcos temporales y clasifica. Clasificar nos salva: todo queda registrado en fichas, diarios, resúmenes anuales, bianuales, evaluaciones de la última década.... El hombre mayor que tiene la desgracia de no ser consciente ni reflexivo – la época nos niega en su ADN el derecho a sentirnos señores mayores y, por ello, no hay consciencia ni hostias - pasa la mirada por las cosas muy antiguas como si estuvieran recién estrenadas y olieran a celofán. Nota lo raro de la experiencia pero tampoco le desagrada que aquello sea nuevo. Al fin y al cabo, para un ser joven de corazón todo debe ser nuevo y, por ello, lo que sucedió hace treinta años es equidistante de lo que sucedió hace tres.El olor a nuevo es una experiencia muy importante en los niños de boom -consumer.

El señor mayor es un hijo del boom consumer y no es , por eso, tan mayor como la melancolía le ha hecho creer. El pasado huele a nuevo.  Aún no es un preámbulo de su obituario. Todo ha sido una mala percepción. Se siente joven. El ejercicio, la dieta, el interés intelectual. El señor mayor ya tiene pensado hacer un curso de dibujo al carboncillo. El futuro se abre....



SER VEHÍCULO Y VIAJE (Ejercicio de mindfulness dislocado)



   Soy el  vehículo de tu ascenso a los cielos.  Transito y derivo de acá para allá.  No fijo el itinerario; solo pongo el caucho de los neumáticos y el olor a gasolina.  Lo que se quema. El cliente manda y suya es la razón. 

   Soy la limusina de un banda de genes  egoístas apareada en un hotel Trump con la cultura dominante. Soy, a veces,  el deportivo de la pareja del momento: el  complejo de Edipo, delantero centro,  y el amor puro, modelo de éxito de Victoria´s Secret.  Por las tardes me convierto un rato en el 4 x 4 de la lucha de clases para asistir a un rastrillo solidario.  Soy el despliegue del Espíritu o la expresión del genio patrio moviéndose por los tubos de carburación hacia el punto blanco del escape. Podría darte dos hostias sin odio.  Me respaldaría la Historia.

 Soy un taxi que espera pasajeros anónimos en el aeropuerto. Miro pero no logro reconocer al que llega.  Sufro agnosia visual.  Solo su voz de mando me resulta significante. Me rasco como los monos y arranco. Veo pasar a las chicas y silbo para dentro, vulgar, imitando un mal beso invertido para no ofender a la clientela.

 Soy el carromato del que manda y la calabaza reconvertida de la Cenicienta (ella también criada).


******

   Alguien habita en mi atención plena
y me coloca en el punto de salida como barcaza de lujo para sus invitados. 
(los invitados son yoes pequeñitos que reman)

******

 Me aburro. 
Mucho. 
En las paradas. 
Sobre todo. 
Las esperas. 
Ya sabes. 
Son largas. 
Tan largas como una vida o los meses de invierno de una princesa exiliada.

  Bostezo mientras  reflejo el entrecejo en los restos....
  En un momento, ¡zas!, la grasilla del tofu hará mancha en el pantalón, que allí habita. 

   Hay cosas que no sé hacer  en el espejo retrovisor. 

  Atropello gatos,  giro peligrosamente en las curvas y adelanto en los cambios de rasante.  Actúo como en sueños. 

  No paro de interpretar  mientras me aburro en la inactividad del chófer, sentado en el volante como una mosca, esperando la voz del pasajero, el que  dice izquierda  derecha todo recto.

El que no llega.

Nadie viene. Nadie manda.

******

Solo soy la frenada en el asfalto y la chapa siniestro total del atropello.

¿Soy responsable de mi tedio? Sea el tedio el que firme los papeles del seguro.

Quisiera matar al que me habita de una forma tan soez que algunos llaman solemne. 
Matar el alma sin cotas zen. Decir, por ejemplo:

  Si con furia me abrieras el cráneo brotarían tus sesos.

  Si dos manos prestadas por el diablo consiguieran reventar mi pecho sin dañar órganos vitales, en mi latido al ralentí sonaría aquella canción con la que te enamoraste y que nadie más conoce.

  Si tuvieras la curiosidad de medir mis intestinos cuantificarías la extensión de tu inocencia.

Solo soy el vehículo transmisor y el olor a caucho. 
El resto, es tuyo. Tú pagas con tu alma este viaje. 


LUCIA BERLIN: MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA



Exagero mucho, y a menudo mezclo la realidad con la ficción, pero de hecho nunca miento” (L.B.)





       Nunca me ha gustado mentir, Lucia. 
     
      Y para no seguir habitando en la mentira me arrojé al vacío de una noche sin Luna, como un borracho que no encuentra un trago en la casa y debe ir creando un camino de ficción para soñar hasta que llegue el amanecer y abran la licorería. Allí mismo las ficciones se pulverizan como vampiros de corta-pega. Al alba fusilan las ficciones los malos escritores. Y esa es muchas veces la única historia que contar se puede.  

   Pero ahora da igual el caso aunque lo hubo. Si es inviable narrar podemos intentar leer. Y por ese vicio de metadona te he encontrado en un estante. Leerte es mejor que escribir, Lucía. Me has enseñado un poco más a creer en los cuentos aunque no sean mis cuentos. Creer como otros creen en el zen, en  Cristo o en un manual de autoayuda. Reafirmas mi fe siempre en el filo de la navaja.... 

En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados” - dices y tiene su gracia la distancia mística (la mística no siempre es graciosa) con la que narras un dolor tan hondo, el horror del bar cerrado, del sentimiento al otro lado de la cama convertido en un túnel sin salida. La letra quebrada sobre la pantalla. Esas cosas tan comunes.

Eres una gran contadora de historias Lucia. No bromeo aunque me mires con indiferencia porque estás atenta a las bombonas de oxígeno que mueves con tu carrito. Parece que te llama más la atención cómo chirrían las ruedas que mis requiebros. Sí, yo también reconozco en ese sonido un aleteo mecánico como de cigarra fronteriza. Siento el EPOC y espalda quebrada. En el conjunto de tus narraciones siento en la espalda la ironía un poco triste del arnés ortopédico que te ponían de adolescente. Y el temblor del alcohol en la noche oscura de las separaciones. Lo percibo todo en el interior de la boca, subiendo por la parte de atrás de mi cerebro aunque nada tenga que ver con mi vida real, ay Lucía, la real vida. Que tú me hermanes en esa experiencia, que la conviertas en experiencia común de la humanidad, es algo que te hace grande. Para ello, dices, exageras con verdad inmensa e intraducible. Luego te ríes al oír la palabra auto-ficción y con elegancia mejicana dejas que caiga el prefijo.

Vivimos en el mundo y eso, a nadie, debe importar demasiado. Lo relevante ahora, Lucia, es el paseo por esos lugares  prosaicos y sublimes que son tu escenario.  El Paso, Albuquerque, Oakland, Ciudad de México, Chile. Contigo de guía se me ha quedado la sed hospedada en la garganta. Es la sed de la madrugada de aquel señor de las mil y una noche. La sed que ahora sabe a fármaco, a distensión de morfina, a vino dulce mezclado con jarabe, licor de sexo ausente y silencios. 

    Pero todo esto es anécdota. Dan igual ahora las alegrías y tristezas. También es irrelevante el recorrido vital por relaciones familiares o sentimentales desestructurantes y desestructuradas, parejas que nos enamoran, matrimonios e hijos.  Prima facie de tu escritura me seduce el arte de esa escritura. La extraña tecnología. El estilo. La artesanía de la contadora que me saca de mis casillas podridas ¿No soy sensible al dolor de los personajes? El arte es el modo que tengo de sentar a tus personajes a la mesa. Así los hago reales siendo como son tan extraños a mi real vida.  Empatizo con el dolor de los desgraciados en la madrugada a través del estilo de esas frases tuyas que cortan el lugar común y se desmontan a sí mismas con chispeantes cambios de registro, comparaciones que hacen sonreír, ironía que invierte las lentes sin cambiar de párrafo. Y siempre la inmensa ternura de las cosas, mi diosa haciéndose presente. Ternura en lavanderías y en el polvo de ciudades mineras, junto a la hermana enferma terminal, en el baile pijo y haciendo el amor en el arrecife.

Tienes chispa Lucia. Me haces gracia. Ya sabes que lo que un hombre quiere de una mujer es que le haga reír. El amor gana al menos como esperanza de volver a intentarlo. Otra copa, pues, y aunque yo también exagero en estas letras - esas letras que nadie leerá Lucia - una cascada de lágrimas que no se dejan poner nombre y se hace llamar, bromista, alegría, inunda mi interior maloliente.

Gracias

Habla la señora  Lucia Berlin:

Me encantan las casas, todas las cosas que me cuentan, así que esa es una razón de que no me importe trabajar como mujer de la limpieza. Se parece mucho a leer un libro"
“Las parejas mayores tomaban café y leían o hacían crucigramas. Sus conversaciones eran breves, monosilábicas. La gente bien avenida hablaba tan poco como la que destilaba rencor o aburrimiento; era el ritmo de sus palabras lo que cambiaba, como el vaivén perezoso de una pelota de tenis o los rápidos manotazos para espantar una mosca”

“(El abrigo) tenía un cuello de pieles. Ah, las pobres pieles apelmazadas, en otro tiempo plateadas, amarileaban ahora como las patas traseras meadas de le los osos polares en el zoo” 

“Son preguntas inútiles. La única razón por la que he vivido tanto tiempo es porque fui soltando lastre del pasado. Cierro la puerta al pesar a la pena al arrepentimiento”

“El mundo sigue girando. Nada importa mucho, ¿no? Me refiero a importar de verdad. Sin embargo, a veces de pronto, durante apenas un segundo, se te concede la gracia de creer que sí, que importa muchísimo” 

“ Una cosa sé de la muerte. Cuanto “mejor” es la persona, cuanto más cariñosa, feliz y comprensiva, menor es el vacío que deja su muerte” 


“ Mamá, tú veías la fealdad y el mal en todas partes, en todo el mundo, en todos los lugares ¿Estabas loca o eras una visionaria? Qué más da: no soporto la idea de acabar como tú. Me da mucho miedo, estoy perdiendo el sentido de lo que es... precioso, verdadero”



LUCIA BERLIN: MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA
(selección de relatos de Lucia Berlin, 1936-2004). Alfaguara. 2016

SEREMOS

11.11.2016
canta Leonard Cohen
llueve en la cava superior
y la meninge se ahoga
en un charco farmacológico


el veintiséis de junio de dos mil cuarenta y seis

seremos fantasmas despojados de dolor
y a eso lo llamarán suerte

seremos también carne vieja pegada a un hueso deformado por el tiempo
y la genética
un tiempo que no nos hará justicia
- que el tiempo ciega pero no repone -
ni edificará la leyenda de nuestra osadía
ni llenará nuestros ojos de orgullo

seremos el hueco de la última oración
la que agradece la mesa vacía y el amor quebrado
la oración del cegado por cataratas
demente por cataratas
mojado el pañal por cataratas
el que llama madre al hijo
y pronuncia el nombre del que fue el más grande amor de todos los tiempos
el número seis o siete
el que provoca risa
ignorante
porque no hubo historia
y el recuerdo es sueño de efecto secundario


seremos, sí, las indistinguibles sombras
del olvido
sombras caídas como mujeres rotas arrojadas sobre una canción de Cohen
pero sin la santidad de Suzanne, Marianne o Janis
una sombra cualquiera que renunció en nombre del cansancio

seremos así allí quizás o con suerte


y todo porque el presente se ha devorado a sí mismo delante de nuestras narices
como un niño suicida en el desierto
o un ángel en su primera misión estúpida
deglutido al modo insecto con babas impronunciables
por desgana
por esa falta de fuerzas

fuerza es todo lo que no te puedo dar

seremos en un lugar tan lejano como ese tiempo en el que los petirrojos caídos gritan aleluya te necesito no te necesito porque caer solo ya sé y todo sobra en esta habitación de hotel

seremos sombra de fantasma
seremos tan viejos que llamarnos ciegos será alago
y ciegos
seremos y seremos por la gracia de un fármaco de esos que te hacen perder el amor

qué pena de presente
donde el ángel en su primer misión arrancó el amor del árbol de una cama deshecha

qué pena aquel veintiséis de junio de dos mil cuarenta y seis
salvado por la amnesia
sin poema
sin odio ni pena ni nada


Y mi reino no tendrá fin


                                                     Nacen estas letras en agosto de 2009 .  Brotaron  distintas y ahora las recupero tergiversadas. Como el asunto solo a mi afecta, la falsedad queda convertida en deuda ajena. Amén Jesús





Cambiamos cromos y somos como niños que cambian cromos. Concretamente de la colección “Vida y Color”. Hay una desproporción que recoge la cámara - la película ya ha sido filmada -  en un movimiento atrevido: tú tienes un taco de estampitas bien alto y yo, casi pegadas a mi mugrientas manos, solo dos piezas. Soy tan pobre que no tengo ni repeticiones. Mis dos cromos son todo lo que poseo. Mi cuerpo y mi alma. Dos cromos hay y uno de ellos es el más común del universo de los repetidos.  El otro, ay, es la rareza … es la pieza final, el alma del mundo que para sí quiso comprar el Diablo. ¿No te dije que había desproporción? Gana el que solo dos tiene y aún así le sobra uno. Gano yo y de nada sirve que tu taco de cromos se eleve más allá de los montes Himalayas o las torres de Trump. Yo soy la rareza de tus sueños hastiados. La raíz multiforme del deseo. 


    “Qué se nos ofrece y qué pedimos” es ahora  el juego. Se nos daría mucho más de lo que parece y parece mucho. Como si me ha tocado la lotería  parece. Eso  o se me  ha presentado el genio de la lámpara. Es la ficción que por una vez deja huellas en la tierra, huellas como de gigante. Es el domingo de la gloria, la jornada del tiempo del ahora. 

Rápido pensamos en la pregunta y en la respuesta. Pienso veloz y poderoso como un dios.
Qué quiero. Siempre esa pregunta. Esa es la pregunta y en ella puede estar la tortura incesante, el devaneo de la existencia humana. El deseo (el ser es ahora subalterno). Qué deseas realmente ahora que no es ficción el deseo. 

 Dictamino:

            Me gustaría que alguien me ofreciera lo que traduce en día de fiesta estas palabras:

“ Si me entregas tu tesoro, oh amigo, si en mí confías, recogería yo de tu labio una última gota de agua dulce y, con sumo cuidado para que no perdiera perfume, la dejaría caer sobre las páginas de un viejo atlas. Dibujaría la gota al estallar sobre la página impresa una flor azul, marcando con límites livianos una novísima región que se convertiría en reino nominado por nosotros y solo a nosotros accesible. Ampliada la zona en escala y extendida sobre la mesa toda la cartografía disponible, tocaría esperar un poco. Yo te seguiría día y noche hasta que alguna lágrima forzara tus ojos, da igual si por herida o por odio o por risa. Y con un tubo de cristal purísimo tomaría esa lágrima y, desde gran altura, volvería a desplomarse agua ahora salada sobre ese nuevo reino extendido.  Quedaría nombrada en el acto una ciudad , la ciudad que el destino ha elegido para encontrarnos. Yo te pediría el viaje a los límites de la flor azul  que siempre has deseado, porque ya en ese momento la vida anterior no es nada. Te pediría un viaje, salir de la ciudad que te he regalado.  Como quien pide un baile así escribiría mi deseo. El baile.  Pasearíamos por las calles de la ciudad elegida para salir de ella, contemplando con tus ojos el brillo de las plazas y los estanques en la despedida. Y pisando con tus pies esas callejuelas y avenidas, oliendo el perfume de los árboles cuyo nombre ignoras y yo bautizo, quizás la tarde en la que la caravana estuviera ya esperando para salir fuera me atreviera a besarte y tú, caprichoso, me dirías que esa noche podría arroparte o frotar tus pies con colonia o buscar en los bosques de ese reino dulces recién nacidos”.

Eso pido por mi rareza. No es suerte que deba derrochar. Dame  tú esas palabras o yo buscaré a otro ahora que ya sé lo que quiero. Quede dicho ". 




Oh, qué ingenuo suponer que dejarían soñar antes del robo a la mano mugrienta que casi lleva pegado ese cromo a la piel. 



día de santos y difuntos

este hombre está muerto. La frase pudo haberla dicho la médico pero fue el cura el que la pronunció con aire evangélic...